Quien iba a pensar que en Gales 1999, cuando a semanas de empezar a jugarse la Copa del Mundo y Los Pumas se quedaban sin entrenador, iban a llegar adonde llegaron En ese mundial, los Pumas empezaron a generar la mística de este plantel
Allí comienza esta maravillosa historia que hoy los encuentra en el tercer lugar de esta Copa del Mundo. Aquel mundial fue la bisagra para el rugby de la Argentina, que presentó un equipo prácticamente amateur, y que en la mayoría de los casos, las excelentes actuaciones, les abrió la puerta a casi todos para desempeñarse de manera profesional en los mejores clubes de Europa.
La UAR no les ofrecía mucho a los jugadores del seleccionado nacional por lo que debieron buscar el camino en el viejo continente. El quinto puesto en Gales produjo una revolución en el deporte ovalado de la Argentina. Miles de chicos se acercaron a distintos clubes para jugar al rugby y muchas empresas se acercaron a patrocinar al seleccionado argentino. Había movimiento, pero estructuralmente estábamos lejos.
La llegada de Loffreda le dio planificación y un trabajo exigente y acorde a lo que pedían los jugadores de elite, aunque estructuralmente Los Pumas seguían estando lejos de las potencias. Sin embargo, el entrenador y los jugadores se las ingeniaron para acortar la brecha con los equipos más poderosos del mundo y comenzaron a obtener resultados importantes, aunque el Mundial de Australia fue la gran frustración de ese grupo de trabajo.
Pero a Loffreda le renovaron la confianza y le dieron una nueva oportunidad. Los jugadores también quisieron que el ?tano? siga al frente del equipo porque creían y entendían que juntos podrían saldar la cuenta pendiente que les había quedado en el 2003. Mágicamente, después de hacer su duelo por la eliminación mundialista, el equipo levantó cabeza. Creyó en si mismo y empezó a jugar bien y a ganar. Ya no se conformaban perdiendo por poco, querían ganar partidos. Los jugadores de la vieja guardia contaban con un gran bagaje internacional y les marcaban el camino a los más chicos, que, a su vez, encontraban la contención necesaria para crecer en el equipo nacional. De todas formas, más allá de los buenos resultados, nadie les daba la oportunidad de incorporarse al TriNations o al Seis Naciones.
Comparativamente, los jugadores de seleccionados europeos juegan por lo menos 12 test matches al año, al igual que los australianos, sudafricanos y neocelandeses. Además de cobrar muy buen dinero por jugar para sus seleccionados. Ni hablar de los contratos que tienen con sus clubes y del dinero que recaudan por hacer publicidades. En cambio, los argentinos, cobran dinero por jugar en sus clubes (los q están en el exterior) y resignan tiempo y plata por estar con Los Pumas. Sin embargo nada va a hacer amedrentar el amor por la camiseta celeste y blanca que tienen estos jugadores. Esa es la gran diferencia que se ha visto en este mundial. El amor y la pasión que tienen estos jugadores por su selección.
Llegaron al mundial y nadie los tenía en cuenta. Le ganaron a Francia en la jornada inaugural. Y luego demostraron su superioridad frente a Georgia y a Namibia. Luego, con mucha autoridad superaron a Irlanda. Clasificaron primeros de su grupo. En cuartos de final, le ganaron a Escocia y ya eran historia. Mientras que en la semifinal se equivocaron mucho y perdieron sin atenuantes con Sudáfrica. Cuando todos creían que el equipo se había apagado y ya no le quedaba resto, le ganaron otra vez a Francia con mucha autoridad.
Termina un ciclo exitoso? tal vez el más exitoso de todos. De todas formas, el éxito en este ciclo no sólo debe medirse por los triunfos obtenidos y el tercer lugar del mundial. Sino por todo lo que nos enseñó este equipo. Ser fiel a los principios, ser leal y compañero. Y sobre todas las cosas, pasión y amor por la camiseta. Esos son los condimentos que tuvo un equipo que ha dado que hablar al mundo del rugby. Y a un país entero, que siente devoción por el fútbol.
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