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El fútbol ha renacido en Suiza y la euforia se ha apoderado de los aficionados tras la clasificación del equipo nacional para el Mundial de Alemania 2006, una hazaña que ha sido celebrada con un entusiasmo raro en un país donde el deporte rey no suele provocar demasiadas pasiones.

La selección helvética le arrebató el lugar a Turquía en un partido que será recordado como el más violento de la fase eliminatoria y que podría dar lugar a decisiones tales como eliminar la práctica de entonar los himnos nacionales de los respectivos equipos, una posibilidad que estudia la FIFA.

Sin embargo, más allá del escándalo provocado por las agresiones sufridas por los jugadores helvéticos por parte de jugadores, técnicos y hasta agentes de seguridad turcos, esta clasificación ha sido vista como una proeza en un país que tradicionalmente ha mirado al fútbol con cierta indiferencia y que destina recursos más bien escasos para su desarrollo.

Así, a pesar de tratarse de uno de los países con ingresos per cápita más elevados del mundo, Suiza es el país de Europa occidental donde probablemente los clubes de fútbol reciben menos financiación, hasta el punto de que, en los últimos años, varios de ellos han desaparecido.

"En Suiza no se ha desarrollado una cultura deportiva como en otros países, pero además existe la impresión de que los futbolistas ganan demasiado dinero", declaró a EFE-Reportajes el entrenador adjunto de la selección nacional, Michel Pont.

A los jugadores suizos -continúa- se les suele preguntar en qué trabajan además del fútbol, y eso ocurre porque "la mentalidad no ha cambiado" y persiste el recelo a valorar los méritos de los deportistas de alto nivel.

Esa reticencia a reconocer el papel que la financiación desempeña en el desarrollo del fútbol explica en gran medida la quiebra de clubes de fútbol tradicionales como el Lausanne y, más recientemente, del Servette, que desapareció después de 115 años de existencia.

"Siempre hay gente que dice que el deporte se ha convertido en un gran negocio y que mueve demasiado dinero, lo que hace que, en general, el deporte de alto nivel no esté bien visto en Suiza", agrega el entrenador.

Los grandes países del fútbol comprendieron hace más de 30 años la importancia de crear centros de formación que se convirtieran en viveros de jóvenes talentos, algo que a nadie se le había ocurrido en Suiza hasta la clasificación de este país para el Mundial de Estados Unidos 1994.

Fue en ese momento cuando la Federación de Fútbol de Suiza (FFS), viendo el retraso que había acumulado el fútbol local, decidió lanzar un programa integral que incluyó la formación, la modernización de infraestructuras deportivas y el reconocimiento de la calidad de los entrenadores nacionales.

El resultado de esa apuesta es el actual equipo suizo, compuesto en sus dos terceras partes por jóvenes menores de 25 años que proceden de esa cantera.

El factor continuidad también fue importante en la estrategia del FFS, que al elegir en 2001 al actual entrenador de la selección nacional, Kobi Kuhn, tuvo en cuenta que éste conocía muy bien a la mayoría de los jugadores, a los que había formado algunos años atrás.

La clasificación suiza para el Mundial 2006 ha elevado a Kuhn de la categoría de entrenador al de "padre espiritual" del fenómeno de renovación del fútbol suizo y de recuperación de la autoestima deportiva.

Otra prueba de la evolución positiva del fútbol nacional es que de los 26 jugadores que integran la selección, 17 juegan en clubes extranjeros, algunos de ellos tan importantes como el Bayern de Munich (Alemania), el Arsenal (Inglaterra) y el AC Milan (Italia).

Michel Pont afirma que esto demuestra el nivel de los jugadores nacionales, aunque reconoce que para los grandes clubes europeos también es interesante ficharlos porque a su potencial se agrega el hecho de que resultan relativamente baratos en el mercado futbolístico.

Ello, cuenta el entrenador, porque en Suiza el fútbol no recibe ninguna subvención pública y vive, principalmente, de los patrocinadores y mecenas, pues los derechos de televisión son irrisorios.

Menciona, como ejemplo, que un canal de televisión privado acaba de comprar los derechos sobre los partidos de la Primera división francesa de fútbol por 660 millones de euros, mientras que en Suiza los mismos derechos representan unos 3,2 millones de francos al año (unos 2 millones de euros), incluyendo Primera y Segunda división.

Eso explica que los presupuestos de los 10 clubes suizos de Primera división sean tan exiguos y que, en conjunto, no superen los 10 millones de euros, una bicoca si se compara con las sumas colosales que manejan otros clubes de países vecinos.

No obstante las limitaciones, la clasificación de Suiza para Alemania 2006 y su participación en 2004 en la Eurocopa de Portugal, han despertado una inmensa expectativa respecto a lo que este equipo puede lograr.

Para muchos, basta mirar el ejemplo de Grecia, un país pequeño y sin mayor tradición de fútbol que sorprendió a todos al ganar la Eurocopa en 2004.

Por ello, no debe extrañar que la estrategia del equipo técnico helvético sea hacer el mejor papel posible en Alemania con el objetivo final de salir vencedor en la Eurocopa 2008, que Suiza y Austria organizarán conjuntamente.

Tanta ambición refleja -dice Pont- que "Suiza ha dejado de ser el campeón del mundo de las derrotas honorables" y que ahora al menos es capaz de soñar con ser campeón de Europa, algo impensable hace pocos años.

Para el técnico, el secreto está en un sólido trabajo colectivo y en el espíritu de familia "porque no tenemos a un Zidane o un Ronaldinho que nos garanticen la victoria".

PARTICIPACIONES EN UN MUNDIAL.
Suiza ha participado en siete fases finales de un Mundial: Italia 1934, Francia 1938; Brasil 1950; Suiza 1954; Chile 1962; Inglaterra 1966; Estados Unidos 1994. Su mejor posición fue sexto en Brasil 1950.

La selección suiza ha disputado 22 partidos, ha ganado seis, empatado tres y perdido 13. Ha marcado 33 goles y encajado 51.

VESTIMENTA: Camiseta roja y pantalón blanco.

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