El ardiente legado de Guus Hiddink

La afición surcoreana vive en una nube y las lágrimas de emoción derramadas en el pasado Mundial que el país asiático organizó junto a Japón aún no se han evaporado.
Casi cuatro años después de que el equipo rozara la gloria quedándose a las puertas de la final, los canales nacionales de televisión siguen emitiendo reportajes especiales sobre la gesta futbolística y las pasiones desbordadas de la hinchada.

Las imágenes vuelven una y otra vez sobre la "marea roja" que se formó en las principales plazas y avenidas del país después de que la selección surcoreana diera la campanada y dejara en la cuneta a Italia y España.

El "culpable" de esta fiebre futbolística es un trotamundos holandés llamado Guus Hiddink, quien una vez finalizado el Mundial, tras ser declarado héroe nacional y agasajado con otros mil y un honores, regresó a su tierra. Se marchó en la cumbre del éxito, con el país en pleno éxtasis deportivo, y dejó a sus sucesores un legado difícil de gestionar.

Desde su partida, el banquillo surcoreano arde, dadas las altas expectativas puestas en el equipo. Dos seleccionadores ya han salido escaldados. El portugués Humberto Coelho fue el primero en aceptar la difícil misión de tratar de emular al holandés. Coelho llegaba avalado por su buen papel al frente de la selección lusa, a la que condujo hasta semifinales del Campeonato de Europa de 2000.

Trece meses después presentó su dimisión lamentándose del respaldo "insuficiente" que había recibido de la Federación de Fútbol y el comité técnico surcoreanos, así como de las pocas horas de entrenamiento que tuvo con los jugadores.

A los cinco días de su renuncia, los trece miembros del comité técnico aceptaron su parte de responsabilidad y abandonaron sus cargos en masa. La gota que agotó el crédito de Coelho fue el empate a cero que registró la selección surcoreana en su desplazamiento al microestado de Maldivas, en partido de clasificación para el Mundial de Alemania.

El técnico portugués ya estuvo en la cuerda floja al registrar dos derrotas consecutivas contra Omán y Vietnam en la fase clasificatoria para la Copa de Asia, torneo en el que alcanzó los cuartos de final.

La Federación surcoreana apostó entonces por otro holandés, Jo Bonfrere, cuyo máximo logro como entrenador había sido conducir a la selección de Nigeria a la medalla de oro de los Juegos Olímpicos de 1996.

Catorce meses después y tras haber clasificado a Corea del Sur para el Mundial de Alemania, Bonfrere presentó su dimisión con unas palabras similares a las de su predecesor.

"El comité técnico de la Federación me causó problemas en lugar de ayudarme", señaló y calificó de injusta la comparación de su selección con la que triunfó en el pasado Mundial, porque ésta gozó de "más apoyos y tiempo de entrenamiento".

Pese a lograr el pase para la fase final de la Copa del Mundo, la séptima que disputará el país asiático, los resultados no convencieron a la prensa ni a la afición. Sobre todo después de la pobre actuación del equipo en el cuadrangular de la Copa del Este de Asia, en la que quedó último después de registrar una dolorosa derrota por la mínima ante su enconado rival japonés.

Dos seleccionadores despedidos en prácticamente dos años. Ningún técnico parecía capaz de dar con la fórmula para encandilar a la exigente hinchada surcoreana, hasta que en septiembre irrumpió en la escena Dick Advocaat.

Como por arte de magia, el nuevo seleccionador holandés devolvió la ilusión a todo el país después de dirigir al equipo en únicamente tres partidos, disputados en casa y además de carácter amistoso.

Dos victorias por 2-0 ante Irán y Serbia-Montenegro, y un 2-2 contra Suecia bastaron al ex técnico de Holanda, del Glasgow Rangers y el PSV Eindhoven para convencer.
La selección había recuperado la chispa y la agresividad que le llevaron tres años atrás a convertirse en el cuarto mejor equipo del mundo.

Sin embargo, los jugadores eran prácticamente los mismos que habían sido criticados varios meses antes, incluidas las figuras del equipo que juegan en Europa. Según la prensa local, los futbolistas pudieron haber aprovechado el último cambio de entrenador como aliciente para sacar lo mejor de cada uno ante la proximidad del Mundial, además de opinar que la afición se ha agarrado a los primeros síntomas de mejoría para lanzar ya las campanas al vuelo.

Advocaat llevará la batuta surcoreana en Alemania. A sus órdenes contará con una plantilla muy similar a la que encumbró a Hiddink y con algunas promesas interesantes, como el joven delantero Park Chu-young, quien, según la prensa deportiva japonesa, está llamado a ser la estrella del equipo dentro de unos años.

También tendrá a su disposición a varios jugadores que, tras saborear las mieles del pasado Mundial, se han cargado de experiencia en ligas del Viejo Continente.

Park Ji-sung es uno de los fijos en las alineaciones del Manchester United y la figura más reconocida del fútbol asiático, mientras que Ahn Jung-hwan, tras su fructuoso paso por el Yokohama Marinos, apunta alto en el Metz francés, al tiempo que se deja cortejar por otros equipos europeos.

Advocaat contará con estas valiosas armas, pero al mismo tiempo carecerá del factor sorpresa y de la condición de anfitrión, en la espinosa misión de lograr que la afición surcoreana se olvide de Guus Hiddink.

PALMARES DE LA SELECCION.

Dos Copas de Asia (Hong Kong 1956, Corea 1960) y fue finalista en otras tres ocasiones (1972, 1980, 1988).

Tres veces campeón de los Juegos Asiáticos (1970, 1978, 1986) y finalista en otras tres ocasiones (1954, 1958, 1962).

PARTICIPACIONES EN UN MUNDIAL.

Corea del Sur ha participado en seis Copas del Mundo (1954, 1986, 1990, 1994, 1998, 2002). En ninguna de sus apariciones logró pasar de la primera fase, salvo en la última edición en la que como anfitrión alcanzó las semifinales. Corea del Sur lleva 21 partidos disputados en mundiales; tres partidos ganados, seis empatados y 12 perdidos. Con 19 goles a favor y 49 goles en contra.

VESTIMENTA HABITUAL. Camiseta roja, pantalón azul y medias rojas, con líneas blancas en los costados y hombros.


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