Por Erik Kirschbaum
BERLIN (Reuters) - Britta Steffen casi parece contenta de ver a los encargados de realizar los controles de dopaje cada vez que aparecen para llevar a cabo sus exámenes sorpresa.
"El control es lo mejor que nos puede pasar," dijo la nadadora alemana a Reuters unas horas después de someterse al incómodo escrutinio que implicó proveer una muestra de orina y de sangre por duodécima vez este año.
"Es otra oportunidad para demostrar que uno está limpio. Desafortunadamente, no podemos influir en la decisión de cada cuánto somos examinados, pero si fuese por mi, daría una muestra por día. No tengo nada que esconder," aseguró Steffen.
La deportista, de 24 años, marcó un récord del mundo y ganó cuatro medallas de oro en el campeonato europeo del 2006, y ahora es una de las favoritas en la especialidad de estilo libre en los Juegos Olímpicos de Pekín.
Tras haber trabajado anónimamente durante años a la sombra de su compañera de equipo Franziska van Almsick, Steffen sucedió a su retirada amiga como una importante figura de propaganda para Alemania.
La fama y la fortuna no cambiaron la perspectiva de su vida. La joven nadadora vive en el mismo departamento de un ambiente con una renta de 100 euros (157 dólares) al mes, y sobrevive con el presupuesto de 400 euros por mes que tiene desde los 16 años.
"No se en qué gastaría el dinero si tuviese tiempo de hacerlo," confesó Steffen, quien además es estudiante de ingeniería industrial.
"Tengo todo lo que necesito. Los tickets para comer en la cafetería de la universidad son de 3 euros, y yo no estoy interesada en ir de compras. Por eso, 400 euros es suficiente," agregó.
CUARTO PROPIO
Steffen creció en Schwedt, un alguna vez próspero pueblo industrial de Alemania Oriental.
Tras la unificación germana en 1990, Schwedt y su economía cayeron en tiempos complicados. Los trabajos en la gran refinería desaparecieron, creció el desempleo y la población se redujo.
"Alquilé una habitación de 10 metros cuadrados junto a mis dos hermanos," contó Steffen, quien cumplió seis años una semana después de que cayó el Muro de Berlín.
"Por eso, cuando tuve mi propio cuarto en la academia de deportes en Potsdam (a los 12 años), fue puro lujo. Luego, cuando las cosas mejoraron, no quise cambiar eso que me había ayudado a llegar donde estaba," explicó.
Sin embargo, la nadadora, alta y con una sonrisa amigable, supo que tenía que cambiar algo en su vida tras un pésimo desempeño en los Juegos de Atenas 2004.
En los entrenamientos, ella era una de las mejores de Alemania, e incluso a veces le ganaba a van Almsick, pero nunca podía repetir esos tiempos en las carreras y por eso terminó decepcionándose a sí misma en Atenas. Fue allí que decidió dejar la actividad por un tiempo.
"No podía seguir nadando más," recordó Steffen, concentrada en sus estudios y en la comida. La nacida en Schwedt engordó cerca de seis kilos cuando optó por alejarse del deporte.
"Esperaba que llegara el almuerzo cada mañana. Luego esperaba la tarde para comer pastel y tomar café, y luego la cena," admitió.
Fue entonces que intentó retornar al equipo tras tres meses fuera de la actividad, pero su entrenador la rechazó.
AYUDA PSICOLOGICA
Las sesiones con la psicóloga Frederike Janofsky, quien también había atendido a van Almsick, demostraron ser constructivas.
"No tenía mi cabeza en el lugar indicado," explicó la deportista alemana.
Janofsky pronto descubrió que Steffen temía inconscientemente no poder vencer a sus rivales en las carreras.
"Yo decía que iba a ganar. Pero después de eso, me preguntaba: 'Britta, ¿por qué no quieres ganar?,"' recordó la nadadora. "Y espontáneamente contestaba sin querer: '¡Porque alguien va a perder!'. Era algo absurdo," confesó.
"Me había acostumbrado a perder. Muy en los profundo, odiaba ver perder a otros porque lloraban. Ella (Janofsky) me ayudó a borrar mis propios obstáculos mentales que me impedían ganar," remarcó.
Poco tiempo después de eso, la nadadora teutona ganó cuatro oros en el campeonato europeo del 2006 y quebró el récord mundial en los 100 metros libres (53,42 segundos) que pertenecía a la australiana Libby Lenton (ahora de apellido Trickett).
Eso sorprendió a más de uno, porque su tiempo de 53,30 segundos fue casi un segundo más rápido que su mejor marca personal de 54,29.
Un nuevo traje de baño de alta tecnología y su concentración en dar lo máximo ayudaron, pero incluso Steffen se dio cuenta de que su tiempo generaba dudas.
"Yo también tenía dudas," admitió la deportista. "Pero los entrenadores dijeron que Trickett y otras nadadoras habían logrado mejoras similares para obtener los récords," aclaró.
En el 2004, Lenton consiguió el récord mundial con un tiempo de 53,66 teniendo una mejor marca personal de 54,64.
Alemania lleva la carga de los recuerdos acerca de los dopajes patrocinados por el estado comunista del territorio Oriental. El entrenador Orjan Madsen trabajó duro para cambiar esa realidad, a través de un programa de "atletas transparentes," al estricto régimen anti dopaje que incluye un control de cuerpo completo.
"El problema lo tengo cada año, pero sucede porque soy una 'alemana' del 'este', y por eso todos piensan lo peor," remarcó Steffen, quien voluntariamente provee muestras de estar dispuesta a someterse a controles futuros cuando se desarrollen nuevas tecnologías de rastreo.
"Obviamente, eso hiere mis sentimientos. Me parece injusto," se lamentó la nadadora.
Por eso, aunque las autoridades del dopaje lleguen en momentos inoportunos, Steffen siempre estará verdaderamente contenta de verlos.
"Desearía que vinieran cada mañana para poder dar muestras correctas cada vez que me levanto. Eso estaría bien," comentó.
(Editado en español por Patricia Avila)