Sí, perdió Rafael Nadal, fue noticia en todo el mundo, pero veamos... tras la temprana eliminación en Roma dijo que no derrochará más tiempo en discutir con la ATP, y nadie podrá endilgarle que no avisó, o que "son puras excusas". Nadie podrá acusarlo pues sí advirtió, fue cuando venía en racha positiva y mientras todos se preocupaban por buscarle un nuevo sinónimo, un rótulo que le calzara justo. "El extraterrestre", "el mejor jugador de polvo de ladrillo de la historia", se babeaban.Nadal estaba diciendo otra cosa, algo mucho más profundo, y con suerte algún solitario se habrá preocupado por buscar un sinónimo, rótulo o apodo para los verdaderos responsables de que el español perdiera un partido sobre polvo de ladrillo (más allá de que sea humano, y no extraterrestre, y más allá del gran nivel de Juan Carlos Ferrero). Van y vienen las palabras, y hay quienes ponen énfasis en la irregularidad del español cuando el trasfondo de la cuestión es cosa más seria, más obvia aunque todavía se realicen esfuerzos por esconderla debajo de la alfombra.
Nadal dijo, hace una semana, después de ganar Montecarlo y mientras se encaminaba a hacer lo propio en Conde de Godó: "Los dirigentes de la ATP están destruyendo Europa, que ha sido el soporte del tenis durante años". Y analizó también: "Es totalmente imposible mantenerse cuatro semanas a un alto nivel". De yapa, dejó picando su posible ausencia en el Masters Series de Hamburgo, aunque es difícil que eso suceda.
Primero lo primero. Nadal tiene razón. Cuestiona un sistema que está queriendo enterrar los mercados más chatos para hacer prevalecer los ascendentes (Norteamérica está a la cabeza y Asia es el que más mérito viene haciendo para secundarlo) y, en definitiva, está poniendo a los torneos -léase, el mercado que significan- demasiado por encima de los jugadores.
Porque no es esta la discusión de si Nadal es claydependiente o si dice lo que dice porque sabe que nunca va a alcanzar a Federer. Naturalmente podría no haber jugado Conde de Godó (pero defendía el título) y haber tenido una semana de descanso entre los primeros dos Masters Series sobre polvo. El problema fue que este año se corrieron las fechas por la Copa Davis y el calendario se achicó una semana -casualmente- para este período.
Desde el 23 de abril, cuando le ganó en el debut de Montecarlo a Mario Ancic, hasta ayer, que cayó con Ferrero en Roma, el número dos del mundo jugó 11 partidos en 15 días. La semana que viene comienza otro torneo de la Serie Masters, Hamburgo, y días después llega Roland Garros. El año pasado, el mallorquín ganó todo lo que disputó en la gira europea, a excepción del torneo alemán (perdió la final con el Nº1), pero en una semana más de juego. A este nivel no es poco, máxime si los dirigentes se empeñan en apretar cada vez más el calendario menos jugoso para ellos.
Eso sí: cuando se habla de reducciones, los hombres de traje saben bien dónde apuntar. El año que viene habrá 8 Masters Series (que pasarán a llamarse "1000") en lugar de 9, como actualmente. Entra uno, Shanghai (que hasta ahora albergaba la Tennis Master Cup) y salen dos: Montecarlo y Hamburgo... (Aclaración: Madrid pasará a jugarse sobre clay).
Más allá de Nadal
En un año se organizan 35 torneos sobre canchas duras y 23 sobre canchas lentas (césped y carpeta se reparten los 10 restantes). Hace una década la brecha era algo menor, algo así como 33 y 29, respectivamente. Es cierto, no existía la gira sudamericana (por lo tanto Buenos Aires no tenía su torneo ATP), pero si se tiene en cuenta que desaparecieron 9 fechas de polvo de ladrillo usted puede imaginarse lo depreciada que ha quedado esa parte de la temporada europea (con la que también se beneficiaba la mayoría de los tenistas de esta parte del mundo).
Claro que la gira sudamericana, que dura apenas un mes, está más devaluada todavía. En simultáneo con su disputa (Viña del Mar, Costa do Sauipe, Buenos Aires y Acapulco) se llevan a cabo torneos con casi el doble de premios y -obviamente- mayor cantidad de puntos. Como si fuera poco, su ubicación en el calendario no la favorece, porque no sirve de previa para las grandes citas (los primeros dos Masters Series de año, Miami e Indian Wells), que se juegan sobre cemento.
La escala siguiente es la gira europea, que dura apenas un mes y medio (desde mediados de abril hasta principios de junio). De eso se queja Nadal. En ese período están incluidos los tres Masters Series sobre clay (de los cuales en 2009 sólo quedarán dos) y los torneos ATP más importantes en esa superficie.
Entre Roland Garros y Wimbledon (casi dos semanas de diferencia) se juegan algunos torneos sobre césped para lograr adaptación antes del Grand Slam británico. Luego, otro dominio arrasador de los certámenes sobre canchas duras, casi hasta el final de la temporada, que tiene todavía su broche en Shanghai y no es casualidad.
El futuro del deporte
¿A qué se quiere llegar con todo esto? La respuesta es lógica: el calendario tiene límite, y expansión hacia mercados más rentables se traduce en reducción de los menos potables. De hecho, que la Argentina tenga diez top-100 a la ATP no le significa ningún beneficio...
En más de una oportunidad, y no como excusa sino todavía con la reluciente corona de campeón, Jorge Valdano criticó que varios partidos de México 86 se jugaron al mediodía, con un calor incesante, en beneficio de la televisión. Este año surgió el interrogante de si el tradicional Gran Premio de Australia se seguirá corriendo por una condición peculiar: a esa hora, Europa, el continente que mayor atención le presta a la Fórmula Uno, duerme. Por eso se planteó la posibilidad de que se compita de noche...
Meses atrás, en una entrevista con este medio, el tenista argentino Martín Vassallo Argüello señalaba, al respecto de cómo la ATP había mutado su esencia: "Ya no mide si a mí me gusta o no jugar a las dos de la tarde, no mide si yo jugué ayer y estoy cansado. La ATP simplemente está ahí para organizar las cosas lo mejor posible para que los grupos que ponen plata ganen cada vez más y tengan cada vez más intereses en seguir poniéndola".
Bienvenidos a la Era en la que los deportistas son menos que los payasos de un gran circo. Poco importan ya las condiciones en que se libran los eventos deportivos. Fuera del perímetro, la verdadera pelea se mide en audiencia, en récords de sponsors, en poderes políticos dentro de una organización. Esa contienda también escupe campeones a discreción. Pero no se aflija; más bien siéntase agraciado. Y como en casa. Todos están trabajando para usted, señor espectador.