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La Argentina apenas pudo apagar el incendio originado en sus descuidos La Nacion
(domingo 7 de septiembre, 3:00 AM)
 

Por Claudio Mauri
De la Redacción de LA NACION

No es una buena señal que un equipo tienda a complicarse la vida solo, más allá de los obstáculos que les planta el rival. En el caso de la Argentina, son más los problemas en los que se mete que los que soluciona. Ultimamente, al seleccionado se lo ve bastante destemplado, volátil, con dificultades para llevar el gobierno de un partido. No pasa de ser un puñado de buenas intenciones, pero muy dispersas, sin el cauce de un funcionamiento, de un plan organizado y bien ejecutado. En un momento, la Argentina había hecho más para perder el partido que Paraguay para ganarlo. En algo más de un cuarto de hora, entre los 12 y los 30 minutos del primer tiempo, el equipo de Basile parecía dispuesto a suicidarse. Primero, con la increíble indecisión de Heinze en un cierre que derivó en su gol en contra y la lesión de Abbondanzieri. Y después, con el no menos insólito exceso de Tevez, expulsado por un "planchazo" sobre Verón. Tevez deberá entender que la encomiable entrega que trae de cuna, fomentada aún más en Manchester, es contraproducente si no le pone freno y control.

La Argentina se estaba cavando la fosa ante un adversario muy dispuesto al choque, a duplicar la marca sobre el poseedor de la pelota, a armar un bloque compacto entre los volantes y defensores. Tras un comienzo bastante interesante, con un par de desbordes del debutante Di María, un tiro libre de Riquelme que dio en el travesaño y la movilidad general para abrir el cerrojo guaraní, el partido se le empezó a atragantar al seleccionado. Las sensaciones pasaron a ser tan sombrías como en el agónico empate frente a Ecuador.

La Argentina se desacomodó fácilmente. Dubitativa atrás, en el medio no encontraba línea de pase y en la ofensiva dependía en exceso de alguna aventura individual. Sin el sustento de un tejido colectivo, tampoco surgía la individualidad que la sacara del atolladero. No había quien saliera de la medianía, que marcara el rumbo. Sobre todo en lo futbolístico, rubro en el que Riquelme sigue lejos de la función de organizador (algo que no es nuevo) para acercarse a la del volante que tiene algunas apariciones puntuales. Riquelme está perdiendo influencia en los desarrollos y deja su sello en jugadas especifícas, como las tres o cuatro que le permitieron a la Argentina empatar y estar cerca del triunfo. Una marcación pegajosa como la de Riveros expone aún más esta versión parcial de Riquelme.

A la Argentina se la veía bastante nerviosa e imprecisa, con la excepción de Carrizo, cuya seguridad y serenidad le quitaron trascendencia a la fatídica lesión de Abbondanzieri.

El seleccionado estaba necesitado de una reacción, de un sacudón. Y para eso debía arriesgar y mover el banco. Basile apostó con Agüero (por Di María) y desatendió la conveniencia de ensanchar el ataque (Gutiérrez hubiera sido una buena alternativa) frente a un rival muy abroquelado en su campo. El Coco también envió un fuerte mensaje al sustituir a Heinze por el Cata Díaz, lo cual no sólo debe entenderse como un castigo al zaguero de Real Madrid, sino también como una manera de desterrar la desconfianza que había instalado el grueso error.

Así como el gol de Paraguay había llegado cuando menos se anunciaba, el empate de la Argentina se produjo cuando más le costaba llegar al área de Villar. Y lo hizo con las armas que se le intuyen a este equipo, pero que sólo impone esporádicamente: por el medio, con un movimiento electrizante de Messi, la descarga y justa devolución de Riquelme y la notable asistencia del rosarino entre los zagueros visitantes para que Agüero definiera de zurda.

Si la Argentina se había visto desestabilizada tras recibir el gol, Paraguay estuvo a punto de desmoronarse cuando le empataron. En definitiva, la situación reflejó las lagunas y zonas grises de los dos. Paraguay se desordenó y el seleccionado tomó impulso, más en lo anímico que en lo futbolístico. Como fuera, por poco no ganó el partido que estaba siendo un quebradero de cabeza. Coloccini, Agüero, en dos oportunidades, Zanetti y Daniel Díaz pudieron darle la victoria.

La Argentina lavaba un poco la imagen, sin que llegara a ser reluciente. Con un jugador menos durante una hora, no permitió que Paraguay hiciera negocio con su despliegue físico. Al menos por una cuestión de actitud, la Argentina evitó el mal trago, pero no dejó margen para mayores festejos. El equipo sigue en una nebulosa, sin despegar ni estar a la altura de lo que insinúa su potencial. Por el momento, apenas si puede apagar los incendios originados en sus descuidos y excesos.

  • Se extiende la serie sin triunfos ante los guaraníes
    La victoria por 3 a 1 en 1973, con goles de Rubén Ayala (2) y Guerini, seguirá como el último triunfo de la Argentina ante Paraguay como local en las eliminatorias. Desde entonces, se sucedieron cinco empates (tres 1 a 1 y dos 0 a 0).

Las claves Fallas que condicionan

El partido se le hizo muy cuesta arriba a la Argentina desde el momento del gol en contra de Heinze y la expulsión de Tevez. Sintió el golpe y no le sobraron respuestas futbolísticas para reponerse.Las dos caras guaraníes

Paraguay impresionó desde el comienzo con un planteo muy atlético, de constante obstrucción y corte sobre el circuito argentino. Cuando recibió el gol, perdió el orden y la firmeza, y estuvo cerca de la derrota.Una cuestión de actitud

El empate, tras una buena jugada entre Messi, Riquelme y Agüero, reanimó a la Argentina. Tuvo más empuje y profundidad. A falta de funcionamiento, mostró fortaleza de carácter.

 

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